¿Qué tiene que ver la intolerancia con la estupidez?

Si hay algo que reconocemos en el nacionalsocialismo es el hecho de haber logrado por primera vez en la política alemana la absoluta movilización de la estupidez humana. K. Schumacher

No me extenderé en esta materia porque nos llevaría mucho tiempo. Iremos al grano.

Nos hemos encontrado la estupidez cogida del brazo de la intolerancia en muchísimas páginas a lo largo del libro. Por ejemplo, no juzgar las acciones por sí mismas sino por quién las realiza es una insensatez; hacer el mal para sembrar el bien no parece equilibrado; que un sufrimiento cierto se quiera justificar por un bien incierto suena a lunático; pensar que los hombres se convierten en perversos por habitar en la tribu de al lado es una manera grotesca de interpretar el mundo; convertir el sentido de pertenencia en una disolución del individuo es un paradigma de enajenación; combatir deliberadamente la razón en beneficio del sentimentalismo equivale a imponer el retardo mental.

Que deban ser «paritarios» los consejos de administración de las empresas y no tengan que serlo los equipos de atletas olímpicos ni los miembros de los «matrimonios» homosexuales, es una de las incontables contradicciones que la ceguera del fanatismo no percibe. Condenar poblaciones humanas primitivas a perpetuarse como parques temáticos en nombre de la «diversidad», es una estupidez que raya lo criminal; no comer carne por amor a los animales indica licuefacción neuronal. Que se apliquen penas diferentes por el mismo delito en función del sexo del inculpado, es una degradación jurídica. Que la catalanofobia sea un delito de odio y la hispanofobia del catalanófobo no lo sea, indica grave miopía mental. ¿Qué puede superar la estupidez del buenista occidental que, en nombre de la «multiculturalidad», el racismo, el heteropatriarcado machista y otras lacras morales, condena la «degradación moral de toda la civilización occidental»? ¿Podemos considerar estúpido a quien se avergüenza de Virgilio, Petrarca, Cervantes, Aristóteles Newton, Einstein, Velázquez, o Picasso ante unos países (culturas) que, según dicen, no han engendrado nada semejante por culpa nuestra?

Pondré un último ejemplo: en Norteamérica, entre las nuevas «minorías» ha surgido una dedicada a los sordos. Sus exponentes rechazan el empleo de cualquier tecnología médica que corrija el defecto. Mejorar la audición del sordo se considera una forma de opresión cultural y algunos lo entienden como genocidio.

¿Cabe, en resumen, mayor estupidez que imaginarse en posesión de la Verdad Absoluta, elaborar profecías insoslayables sobre el destino de la especie humana, y mortificar a los hombres para hacerles un bien?

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